El Nano


No sé nada de su vida. Mi primera impresión al verlo, es de alguien que vive en la calle. No sé qué hace durante el día. Cuando cae la noche está casi siempre en el mismo lugar, atento a cualquier oportunidad de la que pueda sacar un beneficio; como ponerse en medio de la calle para hacerle señas a un taxista y ‘capturarlo’ para uno o conseguir quedarse con la comida sobrante del restaurante que pedimos para llevar. Tiene una impresionante habilidad para pasar desapercibido y el mismo talento para aparecerse frente a ti, cual mago haciendo su mejor truco.

La gente de los alrededores ya lo conoce y algunos residentes del edificio lo han adoptado como protegido. Me han dicho que a veces se mete en peleas feas con otros de su mundo (sus rivales territoriales) y que no es raro que salga trasquilado (herido). La supervivencia, el consumo de drogas, las guerras territoriales… historias de un mundo paralelo a la vuelta de la esquina. También me han dicho que parece entender que no le conviene ‘portarse mal’ con las personas del sector que no son de su mundo, porque hace años que vive ahí y tendría mucho que perder.

Hace unos días, mi compañero Nicolas y yo estábamos por subirnos a un auto de alquiler estacionado en parte de su territorio. Él, dando muestras de una gran memoria, sabía que ese auto estaba ahí por nosotros, porque se acordaba de haber visto -estacionado en el mismo lugar de la calle- otro auto de la misma compañía, muchos meses atrás.

En un momento en que Nicolas se alejó unos metros para dejar unas botellas en el container de reciclaje, el Nano me dijo: ‘Yo no sé por qué pero él (Nicolas) me hace pensar en el Discovery’. ‘¿En el Discovery?’, le dije. -‘Sí, esas personas que uno ve en el Discovery, de la naturaleza… no sé… como si fuera alguien que le gusta la naturaleza, los animales. Con sus lentes ahí en la frente, me hace pensar en estas personas que son naturalistas, algo así, no sé.’

Yo, sorprendida por su aguda capacidad de observación e interpretación, le dije que tiene un gran don para leer a las personas y que sí, efectivamente, Nicolas siente un gran interés por la naturaleza y los animales, y que -esto no se lo alcancé a decir- uno de sus primeros sueños de niñez fue convertirse, precisamente, en naturalista. Me sonrió con una mezcla de sonrojo y satisfacción al ver lo certera de su observación. Me despedí, con el Nano bien agarrado de mis pensamientos.

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Esta situación que considero especial por sus características y por lo escaso que es vivirlas -al menos en mi experiencia- marcó mi día, recordándome esta idea de que las apariencias pueden realmente no tener nada que ver con las cualidades de una persona ni con sus capacidades. Que es cosa de abrirse a mirar el mundo con otros ojos, con menos juicios, con más curiosidad y dejarnos sorprender con lo que empieza a aparecer.

© Denise Valérie


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